Oponerse es estar en desacuerdo acerca del tema que se esté planteando en algún contexto. De ahí que se le llama oposición al conjunto de agrupaciones que son contrarias al gobierno de turno.
Es sano que existan grupos opositores, pues así se puede asegurar que quien esté al mando haga lo que la mayoría opina que es lo mejor para todos.
Cuando nos oponemos a alguna acción, idea o propuesta, es porque tenemos una idea distinta de cómo se deben hacer las cosas. Lo adecuado entonces, es exponer nuestro punto de vista, escuchar el de los demás y llegar a algún punto de encuentro.
Sin embargo parece que no funciona así. Lo que observamos los ciudadanos en la mayoría de los casos es que si un grupo hace una propuesta que parece que puede agradar o favorecer al colectivo, los opositores la rechazan inmediatamente, descalificándola y haciéndonos ver lo errado de dicha propuesta.
Hasta ahí bien, pero es lamentable que no se pase al siguiente nivel, que sería el de dar alternativas de solución que nos beneficien a todos y que sean coherentes con la realidad de que se esté tratando.
Quizás esta realidad no se aplique sólo a nosotros, y sea una manera de funcionar enquistada a lo largo y ancho del mundo, pero no podemos dejar de desear que llegue el día en el que contemos con una oposición constructiva que estimule la acción de quienes tienen el poder para el beneficio de todos.



















