Qué dirán?

Esmeralda Ponce Terapeuta gestàltica

Esta pregunta acostumbra a estar en la cabeza de muchos cada vez que hacen algo fuera de lo esperado para su entorno. Desde que somos pequeños buscamos la aprobación de los que son importantes para nosotros, nuestros mayores, maestros, amigos, vecinos, con la idea de no ser discordantes y ser aceptados por la mayoría. Así se modela parte de nuestra conducta. Modelamos de lo que vemos, aprendemos los valores del medio, y actuamos en consecuencia. Hasta aquí todo está bien. El problema comienza cuando empezamos a reprimir sentimientos, deseos o formas de actuar que son sanas, pero que no se parecen a lo que comúnmente esperan de nosotros. Nace la incoherencia entre lo que queremos y lo que los demás dicen que es correcto. Así, anulamos parte de nuestra individualidad para vestir, decir, sentir o pensar y todo por miedo al qué dirán los demás. A medida que crecemos, nos conocemos y sabemos lo que queremos o nos conviene, adquirimos fortaleza para romper esos esquemas y luchar por ser diferentes. Pero no todo el mundo se atreve, y así hay quien se pasa la vida reprimiendo asuntos que hubiesen sido altamente satisfactorios para su crecimiento personal y su autoestima. Vivimos en una sociedad donde muchos se creen con derecho a juzgar a los demás basándose en que sólo su forma de proceder es la correcta; lo vemos a diario en los medios de comunicación, pero también en nuestro entorno, lo escuchas en la calle, el tren o cualquier otro lugar. Dos o más hablando de un tercero que no está presente, pero de quien desaprueban sus conductas. Muchos más difícil es lo contrario, que estén alabando el buen proceder de otro. Es nuestro deber hacia nosotros mismos estar atentos a las motivaciones que nos llevan a hacer, o dejar de hacer. Si están basadas en razones correctas, que no hacen daño a nadie, y a quien lo emprende le produce satisfacción, pues adelante: la vida se hace viviendola. No es bueno mirarla sólo como espectador, y menos aún si la razón para no vivirla es el miedo al comentario ajeno, al de quien no vive por ti. Ten siempre presente que no importa lo que digan o piensen los demás, porque en cualquier caso siempre algo dirán o pensarán, te favorezca o no.

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