Un nefasto fin de año en Xocolat Vallès

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Este fin de año de 2012 esperábamos que fuera un buen fin de año, como todos los anteriores, pero por culpa de una impresionante mala gestión de la discoteca a la que fuimos, Xocolat Vallès, fue más bien todo lo contrario.

Comenzaríamos con lo más suave; con la entrada a esta fiesta, se prometía consumición, cava, cotillón y almuerzo; aún no he hablado con nadie que pudiese pedir el cava y cotillón y con muy pocos que pudiesen pedir el almuerzo. ¿Esto no empieza por ser una estafa, ya?

Y, entrando en el punto principal del asunto, nos mantuvieron a una gran cantidad de gente esperando muchísimo rato, llegando a esperar incluso 3 horas, hasta las 9:30-10h de la mañana, para sencillamente darnos nuestros abrigos y poder marcharnos a casa. Además, para esperar para el guardarropa tenías que hacerlo al aire libre, por lo que estábamos pasando frío. La situación llegó hasta tal punto que mucha gente entraba en el guardarropa sin el resguardo y podía coger el abrigo que más le placiera, pudiendo salir de allí con abrigo nuevo (y de hecho hubo gente a la que le desapareció su abrigo), e incluso hubo algunas peleas.

Una situación así no es para nada normal ni aceptable, por lo que procedimos a preguntar a los guardias de seguridad que nos indicaran dónde podíamos dirigirnos para pedir una hoja de reclamaciones, y todos nos indicaron a una única persona. Lo sorprendente es que esta persona no se hacía responsable de nada de lo que ocurría, nos evitaba, se negaba a darnos las hojas de reclamaciones e incluso nos cerró la puerta ante nuestras narices. Todo esto, además, cuando le dio justo delante de nosotros una de estas hojas a una chica. ¿Qué debíamos hacer ante la incompetencia de esta persona?

Que en un local de estas dimensiones se permita hacer eso es totalmente lamentable y que esa persona continúe manteniendo el cargo, más todavía. Un problema que podía haberse solucionado fácilmente pidiendo los resguardos a aquellos que los tuvieran, dando los abrigos, y aquél que no tuviera el resguardo que se esperase y después se hablaba de ello, se convirtió en un caos y un descontrol.

Esto nos hace preguntarnos, si una situación tan sencilla como ésta se les va de las manos de este modo, ¿qué pasaría con la gestión de la discoteca ante problemas mucho más serios, como los que hemos estado viendo muy recientemente del Madrid Arena?

Francisco Ojeda Escuder

Edicions locals